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16. LA REVOLUCIÓN DE 1848.

  Tras los procesos de 1820 y 1830 se inicia en Francia un nuevo movimiento revolucionario, que se propaga por toda Europa (excepto Países Escandinavos, Rusia, Turquía, Inglaterra y la Península Ibérica) merced a una red de organizaciones secretas. Las clases populares son la pequeña burguesía y los grupos de obreros adeptos a la ideología socialista. En Italia, Alemania y el Imperio austriaco adquirió también formas nacionalistas.

  Por primera vez toma protagonismo el CUARTO ESTADO; las masas, en busca del sufragio universal, como bandera más representativa. Incitadas por republicanos y socialistas románticos, además del hecho ideológico, les movía unas realizaciones materiales concretas. Y es que la burguesía de la primera mitad del siglo XIX había sabido organizar su libertad y su haciendo, pero no habían sido conscientes del surgimiento de una nueva clase social que también tenía derecho a la vida. Cuando en los años 1846-1847 se produjo en Europa Occidental una crisis cerealística, las masas trabajadoras pidieron pan y la burguesía solo supo responder con caridad o represión. Esta respuesta las llevó a caer en manos de la propaganda republicana, predicada en Francia por Lamartine y Ledou-Rollin y en Italia por Mazzini. Sin embargo, el significado del término LIBERTAD difería con el de las masas, que lo equiparaban a SEGURIDAD y JUSTICIA, explicando el fracaso de la revolución de 1848.

  A estos principios se añadieron dos nuevos aspectos:

▪ El del nacionalismo teñido de romanticismo, que suspiraba por rehacer el pasado nacional de pueblos de una misma raza y un mismo territorio.

▪ El de “renovación”, que dio proclamas a las organizaciones políticas que pusieron por delante el término “joven”: Joven Italia, Joven Alemania…

  LA REVOLUCIÓN DE FEBRERO Y MARZO DE 1848.

  Comenzó en Francia porque la monarquía de Luís Felipe de Orleans tenía dos puntos vulnerables:

  ▪ No era legítima.

▪ No se apoyaba en la masa total de la nación francesa, solo en la alta burguesía.

  El gobierno de Guizot vivía amenazado por la izquierda monárquica, que solicitaba la ampliación del derecho electoral. Para ello, se reunían en banquetes. Guizot los prohibió (22 de febrero de 1848), dando lugar a unas protestas de escasa importancia, que provocaron la caída del primer ministro. En la noche del 23 y a consecuencia de un choque entre obreros y la fuerza pública, la protesta se convirtió en insurrección republicana. Volvieron las barricadas y la Guardia Nacional, no vinculada al monarca, dudó y no atajó la revuelta, motivando la abdicación de Luís Felipe el día 24.

  Los sublevados, dueños del Ayuntamiento y de la Cámara de los Diputados, proclamaron la República: la democrática, Lamartine; la socialista, Louis Blanc. El gobierno provisional encabezado por el primero fue el triunfo de una minoría audaz.

  La revolución de febrero en París se propagó por Europa en dos oleadas:

▪ La primera afectó a Austria e Italia. En Viena, la juventud burguesa se echó a la calle y Fernando I (1835-1848) hizo dimitir a Metternich. Además, los revolucionarios obtuvieron la concesión de ciertas garantías liberales: libertad de prensa, guardia nacional, constitución; pero, envalentonados, impusieron al emperador la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, elegida por sufragio universal. Al día siguiente, Fernando I y su corte huían de Viena (16 de mayo). Mientras, en las provincias, se levantaban los nacionalistas, reclamando una constitución federal para el imperio. En Praga, un Comité Nacional obtuvo una “Carta de Bohemia” (8 de abril) y se abría un Congreso checoslovaco; en Croacia, Jeliachich intentaba formar un estado autónomo; en Hungría, la Dieta reforzaba el nacionalismo, logrando por las leyes de 11 de abril equipararse a los austriacos y formar un estado propio, unitario, parlamentario y democrático.

En Italia, los sucesos de París reavivaron una sublevación que venía preparándose desde tiempo atrás, en especial por Mazzini (1805-1872), que había fundado en 1831 la Joven Italia. Con ella defendía la unidad italiana, pero con métodos antiguos que le llevaron al fracaso entre 1830 y 1848. Sin embargo, desde 1846, tanto el Papa Pío IX, como el rey del Piamonte, Carlos Alberto, o el duque de Toscana, concedieron algunas reformas, preparando el camino a la insurrección, que estalló primero en Sicilia (12 de enero), donde Fernando II de Nápoles se vio obligado a otorgar una constitución liberal, similar a la francesa de 1830. Carlos Alberto de Piamonte le imitó promulgando el Estatuto Real de 17 de febrero. Por otro lado, tanto en Venecia como en Milán se produjo un levantamiento contra Viena, que arrinconó a las tropas austriacas del mariscal Radetzky y empujó a Carlos Alberto a declarar la guerra al imperio austriaco el 25 de marzo.

▪ La segunda oleada se produjo en Alemania central y Prusia. Después de los acuerdos de Teplitz y Viena que habían puesto fin a la revolución de 1830 en Hannover, se instaló Ernesto Augusto, un nuevo soberano reaccionario, mientras en Prusia, Federico Guillermo IV (1840-1861) se había mostrado levemente liberal y nacionalista. En 1847 publicó una patente estableciendo la Dieta Unida, en la que se reunirían representantes de las 8 asambleas provinciales creadas por su padre en 1823. Pero, la Dieta defraudó a los liberales pues el voto solo era consultivo y no tenía ni periodicidad, ni iniciativa. Tal desilusión facilitó la agitación de marzo al ser conocidos los sucesos de febrero en París. En Baden, Baviera, Wuttemburgo, Hannover, Sajonia… hubo manifestaciones, cambios de gobierno, un giro liberal. Entre el 31 de marzo y el 3 de abril se reunieron unos delegados en Heidelberg, que solicitaron la convocatoria de un Parlamento general para discutir una nueva constitución de Alemania. La Dieta de la Confederación accedió a esta demanda y convocó una Asamblea para el mes de mayo siguiente.

Mientras, Berlín, secundaba el movimiento. Ante las manifestaciones de estudiantes, burgueses y obreros, el rey prometió reunir la Dieta Unida, que no acalló la agitación, sobre todo, tras el triunfo de la revolución en Viena. Un desafortunado enfrentamiento entre el ejército y los manifestantes el 18 de marzo llevó a las barricadas. Federico Guillermo IV anunció la reunión de una Asamblea Nacional prusiana para discutir una constitución liberal.

  LA REACCIÓN BURGUESA.

  La burguesía y otros grupos conservadores, apoyados por el ejército, reaccionaron atemorizados por el rumbo democrático que tomaba el movimiento revolucionario. En Francia, la IIª República tuvo poca duración, por el antagonismo entre socialistas y republicanos y la oposición conservadora. En la Asamblea Nacional de mayoría republicana, una comisión ejecutiva, presidida por Arago, decidió frenar las pretensiones socialistas y el modelo de trabajo colectivista de los Talleres Nacionales, ideado por Louis Blanc. Entre el 24 y el 26 de junio de 1848, los republicanos, al mando del general Cavaignac, acabaron con las barricadas parisinas. La Constitución de noviembre de 1848, de tipo democrático, daba amplios poderes al presidente. Las elecciones subsiguientes dieron el triunfo a Luís Napoleón frente al republicano Cavaignac, dando también mayoría conservadora a la Asamblea. Bonapartistas, conservadores y legitimistas (alta burguesía y campesinado) ocuparon el poder. Las posteriores discrepancias entre el presidente Luís Napoleón y la Asamblea entre 1849 y 1851, terminaron con el golpe de Estado del primero de 2 de diciembre de 1851. La IIª República daba paso a una dictadura personal.

  En Austria, fue el ejército quien restableció la autoridad del emperador. El príncipe Windischgrätz impuso su ley en Praga. En Italia, el mariscal Radetzky derrotó a los piamonteses en Custozza (25 de julio); en Viena, los príncipes Schwarzenberg y Windischgrätz se adueñaron de la ciudad el 31 de octubre. La Asamblea fue disuelta en mayo de 1849 por el nuevo soberano Francisco José (1848-1916), en quien había abdicado Fernando I. Solo Hungría se mantuvo firme de la mano del demócrata Kossuth, proclamado dictador: el 14 de abril de 1849 la Dieta húngara decretó la deposición de los Habsburgo. Austria tuvo que recurrir a la ayuda del zar Nicolás I de Rusia para aplastar la revuelta en Vilagos (13 de agosto). Desde ese momento Austria gobernó Hungría de forma dictatorial.

  En Prusia, Federico Guillermo IV, ante el éxito de la reacción austriaca, decidió restablecer su autoridad: el conde de Brandenburgo fue nombrado primer ministro el 2 de noviembre; el ejército de Wrangel se adueñó de Berlín el 15 del mismo mes y la Asamblea fue disuelta. Sin embargo, Prusia mantuvo una constitución, sufragio censitario y escasamente democrático (Constitución de 31 de enero de 1850).

  El triunfo conservador en Austria y Prusia determinó el fracaso del Parlamento de Frankfurt reunido el 18 de mayo de 1848, que no pudo hacer frente a la anexión de los ducados de Schleswig-Holstein por Dinamarca (Federico VII), ni a los deseos prusianos de una Alemania unida basada en una imposición y no sobre la base de principios democráticos. De este modo, la Asamblea fue disuelta y la Confederación Germánica restablecida en 1851.

  En el norte de Italia, la derrota de Custozza radicalizó el movimiento subversivo. Manin estableció la República de Venecia (septiembre de 1848) y Mazzini en Toscana (febrero de 1849). Pío IX tuvo que huir de Roma (24 de noviembre de 1848). Carlos Alberto de Piamonte fue derrotado en Novara (23 de marzo de 1849), teniendo que abdicar en su hijo Víctor Manuel II. Radetzky gobernó de forma autoritaria Lombardía. Venecia fue sometida en agosto de 1849; el rey de Nápoles restauró el absolutismo en mayo y Pío IX fue restablecido en su autoridad por tropas francesas el 14 de julio. Solo Piamonte mantuvo el régimen constitucional.


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